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martes, 2 de octubre de 2012

Camino a New York


New York, Ciudad que, a la distancia, ofrece lo que la imaginación demanda. 

Mañana, probablemente, estaremos en New 
York.

En pocas horas mas tendremos la oportunidad de hurgar por nosotros mismos en los sitios que muestran sus películas y describien sus libros. 
Veremos cuan cierto es lo que se ve y lee a través de otros ojos y otras plumas.
Y allí, confrontaremos nuestros sueños con la realidad.
                                                      Allá vamos
Road to new york

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                                                                               Arnaldo Zarza

miércoles, 19 de septiembre de 2012

Caminando por Buenos Aires


Fluimos por la ciudad como ríos sin cauces.
No siempre disponemos de tiempo o ganas para observar con cierto detenimiento lo que nos rodea.
En la jungla de cemento el cansancio y la indiferencia solo dejan ver bultos borrosos, que entre murmullos, se deslizan a nuestro alrededor con rostros fantasmales.  
La fatiga no es amiga de los detalles.
Y así, mientras la ciudad duerme en nosotros, un hada misteriosa pugna por sacudirnos la modorra mediante un chirrido, sirena de ambulancia o alguna voz amable que dice: permiso... 
y cuando lo logra, Buenos Aires se convierte en una ciudad hermosa y de increíble encanto. 
Cuando la prisa, tomándose un respiro, deja ver personas y no sombras que se nos cruzan en el camino mientras los detalles del entorno se materializan, se inicia la aventura. 
 
Es momento de observar morosos cada uno de los tintes, líneas, curvas y detalles de su arquitectura siempre cambiante.
Tiempo de percibir aromas, colores, sones, idiosincrasia.
 
 
La estación de trenes de Plaza Constitución puede resultar el sitio ideal para comenzar el inquietante ejercicio de caminar por Buenos Aires y palpar su esencia.
                    Arnaldo Zarza

martes, 19 de abril de 2011

El hombre inmortal



                          
  -Monólogo teatral-
         Sé que soy eterno.
               Me llevó medio siglo darme cuenta. 
No fue este tema el que me condujo a plantear la necesidad de conocer algo más de lo poco que sabía de la naturaleza, y de mí mismo. 
Corrían los  tramos finales de la escuela secundaria cuando empezaron a incubarse las ideas que ayudaron a evaporar los últimos vestigios de mi niñez, trocando el estado de gracia por una incipiente curiosidad dirigida a temas que poco antes habían permanecido inadvertidos a mí existencia, originando cambios en mis gustos y costumbres. Seguramente influyeron en ellas las clases de filosofía del profesor Ordóñez, y las maratónicas discusiones en el café de San Juan y Deán Funes con Robledito, mi amigo, compañero de banco y parrandas. Así como el fallecimiento de este en un accidente tan estúpido como innecesario. Sin lugar a dudas, este acontecimiento fue el detonante por el cual empecé a reflexionar sobre el sentido de la vida, y que papel jugaba yo en  ese complejo andamiaje. 
Dolorosamente me fui adaptando a la nueva rutina, esa a la que ya no pertenecía mi viejo amigo. 
El café de la calle San Juan solo existía en mi memoria, y las actividades que había heredado de mi vida anterior ya no tenían el sabor de entonces. 
Fueron tiempos duros, tiempos de reclusión, sin rumbo, sin esperanzas. 
Pero todo pasa, y casi sin darme cuenta volvió la curiosidad por lo incomprensible,  la llama que motivaba el deseo de conocer la naturaleza de mi existencia. Fue el inicio de una aventura que se deslizaría año a año por arduos e intrincados caminos conducentes a descifrar los orígenes de la vida.  
Tiempos de meditación y entusiasmo, de preguntas y respuestas que moldearían al adulto en ciernes. 
¿Es cierto que sólo somos un conjunto de diminutas partículas de energía que vagan en medio de la nada?  ¿Por qué una persona es mala y otra no, por qué existen las enfermedades, por qué nos morimos, por qué un niño? 
¿Por qué Robledito?
¿Qué de cierto hay en los que dicen que existen los fantasmas, los milagros, y la vida después de la muerte? ¿Y qué de cierto hay en que después de la muerte solo quedan los que la ven de afuera? ¿Que somos? ¿Que soy? ¿Cuál es el fin último de nuestra existencia? 
Era joven, y pensaba con entusiasmo resolver algunos de los enigmas que el mundo no había resuelto. Suponía que alguno de estos misterios podían ser explicados por las ciencias tradicionales con un grado de aproximación suficiente como para brindar una clara comprensión del problema. 
Otros, como el de la creación, requerían de un tipo de investigación diferente. A ellos dediqué mi tiempo y atención. 
                                           NOTA:
               Lo que resta del monólogo se puede leer bajando el archivo PDF con este enlace.
                              http://es.scribd.com/doc/67483144 

Arnaldo Zarza

viernes, 25 de junio de 2010

Gardel canta en inglés


Ayer por la siesta viajaba en taxi, apurado, como siempre, las calles repletas de autos, el tránsito enloquecido y el tiempo justo.
Mi amigo Norberto había quedado atrás, con su recientemente pié operado, las milanesas, radichetas y el vino malbec a discreción.
Circulábamos por México, brnnn, brnnn. El frío de la mañana me dejó encima la campera polar que a esas horas me hacían sudar la gota gorda.
-Es nuestro carma, dijo el chofer como cosa juzgada.
Por la noche me fijé en la Wikipedia:Según los hindúes, el karma es una «ley» de acción y reacción: a cada acción cometida le corresponde una reacción igual y opuesta”. Tomé esta definición debido a que no me pareció que pegaba con la reencarnación y otras cuestiones que mencionaba la enciclopedia “de todos”. Y… pensé, seguramente algo de esto merezco. 
Pero mi egoísmo capitalino solo quería huir de ese kilombo, rápido y como fuera; sin ofender con la comparación del sitio de esparcimiento y relajación antes nombrado.



Continúo, los autos que no avanzan, la avenida 9 de julio cortada, por un piquete, o vaya a saber por qué, resignado presté atención a la radio del coche: Bla, bla, bla, alguien hablaba. Creo era una descendiente de carlitos, sí, Gardel, no Chaplin.Nunca fui aficionado al tango, pero algunas canciones me gustan, mucho, pero, mucho. Son letras increíbles, como para mí estas estrofas: 


Que el mundo fue y será una porquería, ya lo sé.-----
Hoy resulta que es lo mismo ser derecho que traidor, ignorante, sabio o chorro, generoso o estafador...
El que no llora no mama y el que no afana es un gil.

Siglo veinte, cambalache problemático y febril...
¡Dale, que va...! ¡Que allá en el Horno nos vamo’a encontrar...!


Y así hay miles, que en la soledad de la noche te hacen reflexionar, a mí, claro, no a todos, son las reglas de juego, no pretendo modificarlas ni decir que tengo razón.
Avanzábamos milímetro a milímetro. A dos o tres cuadras vislumbré un claro entre los edificios que nos hacían la guardia. ¡Debe ser la 9 de julio! Imaginaba mis ganas de salir del atolladero. Pero las distancias no importan cuando estás quieto. 



Y de repente lo escucho, al que más me gusta de esa constelación de grandes. Y canta, y lo escucho esperando superar Salta, la calle. Me olvido un poco de todo, pero algo anda mal, no mal, es algo distinto, ¡qué pasa, Carlitos!
Me acomodo en el asiento un tanto gastado del auto de alquiler, le digo al chofer:- ¡Está cantando en inglés!
Huuu, no sabía, y, bla, bla, bla. Carlitos cantaba unas estrofas en inglés, un poco como pronuncio yo, tipo como lo escuché alguna vez a Carlos, el del 1 a 1.
Cuando me di cuenta ya estaba cerca de Constitución, donde tenía que continuar en tren, como cualquier hijo de vecino, como soy yo.

viernes, 18 de junio de 2010

Buenos Aires ayer y hoy

El tranvía, los cines de barrio y las garitas de los policías de tránsito, son solo un recuerdo para los que alguna vez los vieron, y un pedazo de historia para los que escarban el pasado.

Los tiempos pasan y se renuevan los mecanismos de comunicación. Cambian algunas costumbres, pero en esencia, el ser humano sigue siendo el mismo. Se ama y se odia igual que antes, aunque siempre hay algunos que piensan que el pasado fue mejor.

No sé si fue mejor, tal vez distinto, más tranquilo, amigable, familiar. Probablemente tenga que ver con los domingos de ravioles, de la abuela o de mamá, los partidos de fútbol en el potrero, los amigos, la barra de la esquina, el doctor que venía a tu casa cuando tenías una gripe, el mercadito de la esquina, el cana de la cuadra, que era uno más del barrio, que podías confiar en él, la matiné de los sábados, ¡Treees películas tres, daban!, Tarzán, de Cowboys, y muchas más,  los colectivos  bajitos, donde tenías que viajar encorvado y apretujado como en lata de sardinas,  la noviecita del barrio, las revistas mexicanas. Todo queda allá, borroso, en el fondo de la vida, en el arcón de los recuerdos, como dicen mis amigos del FACEBOOK. 



Y mientras el tiempo nos camina, el idioma va cambiando, las expresiones se adaptan a las necesidades modernas, el “che” casi no se escucha, tapado por el “boludo”, que casi sirve para todo. ¿Se acuerdan cuando “Macho” fue la expresión todoterreno de una época?, Hola macho, que hacés macho, ¡pero machooo!, y macho de aquí y de allá… y un día desapareció, como desapareció la salida de los cines de la calle Lavalle, sábado, tipo ocho de la noche, ¡impresionante!

 Con decir que un tío mío que vino de visita de Asunción pensó que se trataba de una procesión,  de esas que organiza la iglesia. En ese entonces nos reíamos, no nos dábamos cuenta, o por lo menos yo, de la magnitud de Buenos Aires, ciudad inmensa y hermosa, donde habitaron tipos como Discépolo, Borges, Piazzolla, Fangio, Gardel, Pichuco, y toda una constelación de genios que dieron identidad a la ciudad porque representaban la esencia  del ser porteño. Y más aquí, desaparecieron como tragados por la tierra, el lechero, la pelota de trapo, el trolebús, tranvías, cines, los boletos que cortaba el colectivero, ahora de máquina, blancos, sin vida,  trompos, el teatro de revistas, la rayuela, La Martona, Pumper nic, la Gomina, El Trust Joyero y los trajes a medida. Y en vías de extinción, el CAFÉ de barrio, ese boliche donde se podía hacer tiempo, o charlar con los amigos hasta el amanecer, donde, según dicen, nacieron letras de canciones inolvidables.  



Ahora ya no calienta ver en el cable las tetas de Isabel Sarli en “El trueno entre las hojas”, ni tenés que esconderte por tener las memorias del “CHE. 
Menos mal que aún nos quedan las milanesas con papas fritas, y el dulce de leche.
No me quejo del presente, solo recuerdo el pasado, y la prueba es que no concebiría mi vida sin la computadora, elemento poderoso de comunicación que nos regaló el siglo veinte, regaló es un decir, pues baratas no son.
Y bien, en medio del sueño de la nostalgia, me despierto, casi a la madrugada,  con un CHAMAMÉ a todo volumen proveniente de la calle que da a mi casa, y puteo, y a veces le digo al puestero que la ponga más baja, y él la baja un ratito, pero tiene que pregonar sus CD truchos para comer, truchos como los programas de 3D y las películas que consumo, que si no fuera así ni siquiera sabría lo que es INTERNET, y mucho menos el 3D STUDIO, cosas del tercer mundo. Así es que, después de un rato se me pasa.

Y pienso, que  entre las rarezas que todavía  subsisten, están las ferias, las ferias de barrio, donde compraban nuestras abuelas y las abuelas de ellas, todavía quedan algunas, esta, por ejemplo: 

Justo frente a mi casa, todos los miércoles del año, con frío, lluvia o calor, uno de los últimos vestigios del antiguo Buenos Aires.
Sé que la nostalgia tiene un filtro caprichoso que solo deja pasar lo que el humor del momento permite. Pero es parte de la vida, recordar… y vivir el presente con intensidad, o por lo menos, pasar los días lo mejor posible.