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miércoles, 14 de noviembre de 2012

New york, New York

Llegamos pasado el mediodía, cansados pero con ganas de iniciar cuanto antes la aventura.
El "BUS" descapotado resultó la opción ideal.
 Desde arriba se puede observar la ciudad, a vuelo de pájaro, como vista previa al recorrido minucioso.
 Ahí está... Times Square... sitio obligado de todo viaje a N.Y, donde la gente del mundo se junta por las noches para festejar vaya a saber qué.
¡La ciudad ahora es nuestra!.. propiedad de los sentidos... responsabilidad de los recuerdos.
 Nos metemos en la película... hay que estirar el cuello y mirar... para arriba, para abajo, a los costados... sin perder detalle. 
Edificios que tocan el cielo, gigantescos letreros de brillantes colores, avenidas y calles con gente, gente y más gente... 
 ...limusinas que parecen torcerse entre la multitud para doblar la esquina, asistidas por una agente de tránsito, entre taxis, autos y buses, de la hora pico.
 Entramos a Brodway... por el pedacito de esa larga avenida, punto de confluencia del llamado “circuito Brodway”, donde viven sus principales teatros, admirando los letreros que compiten en tamaño y creatividad, deseando posar las nalgas en una butaca de alguna de las obras que están en cartel, como...
El Fantasma de la Opera, Chicago, El Rey León, Mary Poppins, ¡Mamma Mia!, Evita, SpiderMan. Annie.
 Un olorcillo a frito sube del "carrito de comidas" apostado en el borde de la vereda, a pasos del museo de cera "Madame Tussauds", donde en la puerta de entrada uno se puede sacar fotos con 

Morgan freeman... gratis, más allá,  pegado a la pared del Mcdonals, un lustrabotas hace lo suyo, al tiempo que el hombre araña, muy cerca, posa agarrando de la cintura a una joven rubia, no gratis. También andan por el lugar el dinosaurio Barney, Súperman, Frankestein, Drácula y un tipo que se mete ratones en la boca... 
 en busca de unas monedas de los que visitan la gran metrópolis.
Una parejita saca fotos del Bus lleno de turistas donde viajamos, hago lo mismo, nos saludamos. Chauuu... Sayonara, risas.
Doblamos a la derecha, un cilindro inmenso de cinco pisos de alto se pone delante nuestro, es el "Madison Square Garden", estadio mítico de boxeo, donde Oscar “Ringo” Bonavena peleara con Cassius Clay el 7 de diciembre de 1970. 







Las grandes veladas de boxeo pertenecen al pasado, al recuerdo, como aquella de Joe Frazier versus Cassius Marcellus Clay. 
Ahora el Hockey sobre hielo, el Basket, obras teatrales y convenciones son sus actividades principales.
 

 A unos 800 metros, sobre la calle 33 y la 5ta avenida, se yergue esbelto el rascacielos más famoso de la ciudad, tal vez el más deseado de recorrer por los turistas, me incluyo.

 
 
 El Bus camina los metros que le faltan para llegar al pie de donde King Kong subiera con su amada hasta la cima de sus 400 y pico de metros en los años 30.
 El Empire Estate Building, quién diría, lo tengo allí, frente a mí, dentro de pocos días también lo subiré... en ascensor.
 Por nuestra izquierda pasa Macy's, la gran tienda Neoyorquina, famosa por sus grandes liquidaciones. 






Poco después, Lindy´s...





...el templo de las cheeskake, en una esquina de la 7ma avenida, fuimos... riiiquiiisimos.
Luego, en la esquina de la 6ta avenida y la calle 50, la marquesina del legendario "Radio City Music Hall", donde se estrenó King Kong y alguna vez actuaron, Frank Sinatra, Liza Minelli, Ella Fitzgerald, Liberace, Ray Charles, Tony Bennett, Ann Margret, Sammy Davis, Jr, y por supuesto, las "Rockettas" y muchos otros, me hace pensar en lo obvio, nada es eterno, lo efímero es el patrón de la vida.
En el “Radio City ya no canta Sinatra ni se dan películas a menudo, e inclusive se salvó de convertirse en edificio de oficinas en el 79 del siglo pasado.  
                                                                         Arnaldo Zarza


Próximo artículo; última parte del recorrido en el BUS de turismo.


viernes, 18 de junio de 2010

Buenos Aires ayer y hoy

El tranvía, los cines de barrio y las garitas de los policías de tránsito, son solo un recuerdo para los que alguna vez los vieron, y un pedazo de historia para los que escarban el pasado.

Los tiempos pasan y se renuevan los mecanismos de comunicación. Cambian algunas costumbres, pero en esencia, el ser humano sigue siendo el mismo. Se ama y se odia igual que antes, aunque siempre hay algunos que piensan que el pasado fue mejor.

No sé si fue mejor, tal vez distinto, más tranquilo, amigable, familiar. Probablemente tenga que ver con los domingos de ravioles, de la abuela o de mamá, los partidos de fútbol en el potrero, los amigos, la barra de la esquina, el doctor que venía a tu casa cuando tenías una gripe, el mercadito de la esquina, el cana de la cuadra, que era uno más del barrio, que podías confiar en él, la matiné de los sábados, ¡Treees películas tres, daban!, Tarzán, de Cowboys, y muchas más,  los colectivos  bajitos, donde tenías que viajar encorvado y apretujado como en lata de sardinas,  la noviecita del barrio, las revistas mexicanas. Todo queda allá, borroso, en el fondo de la vida, en el arcón de los recuerdos, como dicen mis amigos del FACEBOOK. 



Y mientras el tiempo nos camina, el idioma va cambiando, las expresiones se adaptan a las necesidades modernas, el “che” casi no se escucha, tapado por el “boludo”, que casi sirve para todo. ¿Se acuerdan cuando “Macho” fue la expresión todoterreno de una época?, Hola macho, que hacés macho, ¡pero machooo!, y macho de aquí y de allá… y un día desapareció, como desapareció la salida de los cines de la calle Lavalle, sábado, tipo ocho de la noche, ¡impresionante!

 Con decir que un tío mío que vino de visita de Asunción pensó que se trataba de una procesión,  de esas que organiza la iglesia. En ese entonces nos reíamos, no nos dábamos cuenta, o por lo menos yo, de la magnitud de Buenos Aires, ciudad inmensa y hermosa, donde habitaron tipos como Discépolo, Borges, Piazzolla, Fangio, Gardel, Pichuco, y toda una constelación de genios que dieron identidad a la ciudad porque representaban la esencia  del ser porteño. Y más aquí, desaparecieron como tragados por la tierra, el lechero, la pelota de trapo, el trolebús, tranvías, cines, los boletos que cortaba el colectivero, ahora de máquina, blancos, sin vida,  trompos, el teatro de revistas, la rayuela, La Martona, Pumper nic, la Gomina, El Trust Joyero y los trajes a medida. Y en vías de extinción, el CAFÉ de barrio, ese boliche donde se podía hacer tiempo, o charlar con los amigos hasta el amanecer, donde, según dicen, nacieron letras de canciones inolvidables.  



Ahora ya no calienta ver en el cable las tetas de Isabel Sarli en “El trueno entre las hojas”, ni tenés que esconderte por tener las memorias del “CHE. 
Menos mal que aún nos quedan las milanesas con papas fritas, y el dulce de leche.
No me quejo del presente, solo recuerdo el pasado, y la prueba es que no concebiría mi vida sin la computadora, elemento poderoso de comunicación que nos regaló el siglo veinte, regaló es un decir, pues baratas no son.
Y bien, en medio del sueño de la nostalgia, me despierto, casi a la madrugada,  con un CHAMAMÉ a todo volumen proveniente de la calle que da a mi casa, y puteo, y a veces le digo al puestero que la ponga más baja, y él la baja un ratito, pero tiene que pregonar sus CD truchos para comer, truchos como los programas de 3D y las películas que consumo, que si no fuera así ni siquiera sabría lo que es INTERNET, y mucho menos el 3D STUDIO, cosas del tercer mundo. Así es que, después de un rato se me pasa.

Y pienso, que  entre las rarezas que todavía  subsisten, están las ferias, las ferias de barrio, donde compraban nuestras abuelas y las abuelas de ellas, todavía quedan algunas, esta, por ejemplo: 

Justo frente a mi casa, todos los miércoles del año, con frío, lluvia o calor, uno de los últimos vestigios del antiguo Buenos Aires.
Sé que la nostalgia tiene un filtro caprichoso que solo deja pasar lo que el humor del momento permite. Pero es parte de la vida, recordar… y vivir el presente con intensidad, o por lo menos, pasar los días lo mejor posible.