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lunes, 29 de abril de 2013

La estupidez humana


                 Nadie es inmune...
                                                                                     
                                    A los que niegan la realidad



Hay dos cosas infinitas: el Universo y la estupidez humana. 
Y del Universo no estoy seguro...
Albert Einstein.

El 21 de abril de 1633, Galileo, de 69 años, se salva de la tortura y la hoguera, propuestos por la 

Inquisición, gracias a su oportuna retractación respecto a que la Tierra giraba
 alrededor del Sol y sobre su eje.

La pena fue conmutada a prisión domiciliaria por el Papa Urbano III.
Dicen, que ya en su casa, Galileo dijo la célebre frase; “Eppur si muove”, ( y sin embargo se mueve).




La estupidez es el arma humana más letal, la más devastadora epidemia, el más costoso lujo.
Paul Tabori.


Luís XIV, conocido como el Rey sol, defecaba diariamente, si podía, en presencia de nobles y cortesanos, que 
con mirada atenta y sufrido olfato aguantaban estoicos el dudoso honor de la invitación. 
Este rey, bañado en gloria pero nunca en agua, según sus biógrafos, no fue el primero ni el último personaje 
en practicar la estupidez como norma de conducta y desprecio hacia la condición humana.
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Felipe III de España casi muere quemado sentado frente a una chimenea, pues al rey solo podían tocar unos 
pocos nobles, que no estaban al ocurrir el hecho.

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         Las tiranías fomentan la estupidez.
         (Jorge Luis Borges) 

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El Emperador romano Calígula nombro cónsul a su caballo Incitatus.

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La historia de la humanidad está plagada de dichos y hechos estúpidos, ejecutados por gente estúpida. 
Observando un poco el comportamiento de las personas, no es difícil ver que; sabios, iletrados, humildes y 
poderosos fueron o son atacados temporal o definitivamente por el virus de la tontera. 
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Tómese estos ejemplos de estupidez.

Las cartas de un emperador bizantino tenían carácter sagrado, y sus leyes eran revelaciones celestiales.
Para dirigirse al emperador era necesario encabezar la misiva con: "vuestra eternidad"
Por raro que parezca, se ha comprobado que "vuestras eternidades" han estirado la pata como cualquier hijo de vecino hace ya un largo rato.

En la Alemania nazi trataron de desprestigiar a Einstein por ser judío, y llegaron a publicar un libro con 
la opinión de 100 científicos que estaban en contra de su teoría. El libro se llamaba: 100 autores contra 
Einstein.
Dicen que Einstein ante la pregunta de un periodista comentó: ¿Por qué cien? Si estuviese errado haría falta 
solo uno“. 
Jacques Clément asesinó a Enrique III, y los guardias de este lo mataron inmediatamente.
Enrique IV, su sucesor, hizo juzgar al cadáver y lo condenó a ser descuartizado por 4 caballos atados a sus 
miembros.
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Siglo XX, ¿ Será cierto esto?.. 
Durante la ultima guerra mundial el racionamiento de combustible en Europa dio lugar a increíbles actos 
burocráticos, que vistos hoy, mueven a risa.
Un tipo pide un cupo de nafta para viajar a su trabajo.
No, es la respuesta, viaje en colectivo, le dicen.
-Si voy en colectivo llego tarde al trabajo, responde, el primer servicio sale a las 9 Am, y entro a las 
9Am.
Lo autorizan, pero solo para la ida, y con la advertencia que debe volver en el colectivo.
¿ Y el auto? 
Pardiez...
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En 1911, un físico austriaco escribió un artículo sobre Nikola Tesla, científico que inventó la “radio” 15 
años antes que Marconi y a quien le ganó, en New York, el juicio por la patente:
-El señor Telsa tiene el descaro de afirmar que puede construir aparatos con los que puede transmitir la 
palabra hablada a cualquier distancia, así como un facsímil mecanografiado.
Y va aun más lejos; dice que transmitirá música...
Sin palabras...
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La estupidez es un mal que puede ser temporal o permanente, a veces se contrae por contacto excesivo con los contaminados, otras, por arrogancia, intolerancia o vanidad. 

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Se dijo que la locomotora jamás podría ponerse en movimiento.
Una vez probado que sí podía, sus detractores adujeron que esas velocidades no eran naturales y traerían 
epidemias a los que estuvieran cerca de las máquinas. ¿Qué loco, no?
Se ha negado que se pueda grabar la voz humana, y menos que un aparato más pesado que el aire pueda volar, así como la circulación de la sangre, el movimiento de los astros, los viajes interplanetarios, etc.
Dijeron también que el submarino era una idea ridícula, qué era imposible que una lámpara a gas, sin mecha, 
prendiera.
Y así, a cada invento nacido surgía un enjambre de enemigos envidiosos, tontos e implacables, que hacían lo 
imposible para que fracasara el intento.
Se dijo y se dice aun que el hombre no llegó a la Luna, y se pone en duda las masacres de civiles en las 
guerras. 
Algunos actos estúpidos con el correr del tiempo se recuerdan como anécdotas simpáticas, otros nos llenan de horror al comprobar que la maldad asociada a la estupidez, en más de una ocasión, han bañado en sangre a la humanidad.
Si las invenciones hubiesen visto la luz en el tiempo y la  forma que sus creadores lo imaginaron, sin las 
trabas estúpidas de escépticos, de ignorantes y presuntuosos hombres de ciencia que afirmaban cosas que 
desconocían, amén de las argucias relativas a patentes y otras yerbas, seguramente no habría que haber 
esperado tanto para la aparición del aeroplano, la máquina de vapor, el motor de combustión interna, la 
máquina de escribir, de coser, el láser, la computadora, la vacuna antivariólica, la vacuna 
antipoliomielítica, los antibióticos, los bypass, y tal vez, de vacunas o medicamentos contra los males que 
aun perduran sobre la faz de la tierra, e infinidad de inventos que nos hacen la vida más llevadera, y en 
muchos casos, nos las alargan.   


Un pedante es un estúpido adulterado por el estudio.
Miguel de Unamuno


Según pasan los años ciertas costumbres se han maquillado, pero la genuflexiones siguen existiendo.
En 1547 el mariscal francés Vieillevive fue invitado a almorzar con el rey Eduardo VI, de Inglaterra.
El mariscal escribió en sus memorias que el “lord chambelán”, de rodillas, ofrecía los platos con comida al 
rey.

Las personas no están jamás tan cerca de la estupidez como cuando se creen sabias
Molière.



Siglo XXI, SIDA de por medio, hay personas que fomentan no usar preservativos. 
Siglo XXI, Hay personas que fomentan no hacer uso de la transfusión de sangre.

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Al día de hoy, aun hay personas que se inclinan ante otras, o que se humillan para rogar por asuntos que son 
su derecho.

Y aun existe la mezquina  y estúpida costumbre de las guerras.

Para finalizar: ¿Hay alguien que esté libre de haber dicho o hecho alguna estupidez alguna vez?
Mmmmm...
Lo sensato sería no abusar...
                                                                 Arnaldo Zarza
Fuente: Paúl Tabori, (Historia de la estupidez humana), Wikipedia, notas varias de INTERNET.
Humor gráfico de :  http://www.humor12.com/



martes, 19 de abril de 2011

El hombre inmortal



                          
  -Monólogo teatral-
         Sé que soy eterno.
               Me llevó medio siglo darme cuenta. 
No fue este tema el que me condujo a plantear la necesidad de conocer algo más de lo poco que sabía de la naturaleza, y de mí mismo. 
Corrían los  tramos finales de la escuela secundaria cuando empezaron a incubarse las ideas que ayudaron a evaporar los últimos vestigios de mi niñez, trocando el estado de gracia por una incipiente curiosidad dirigida a temas que poco antes habían permanecido inadvertidos a mí existencia, originando cambios en mis gustos y costumbres. Seguramente influyeron en ellas las clases de filosofía del profesor Ordóñez, y las maratónicas discusiones en el café de San Juan y Deán Funes con Robledito, mi amigo, compañero de banco y parrandas. Así como el fallecimiento de este en un accidente tan estúpido como innecesario. Sin lugar a dudas, este acontecimiento fue el detonante por el cual empecé a reflexionar sobre el sentido de la vida, y que papel jugaba yo en  ese complejo andamiaje. 
Dolorosamente me fui adaptando a la nueva rutina, esa a la que ya no pertenecía mi viejo amigo. 
El café de la calle San Juan solo existía en mi memoria, y las actividades que había heredado de mi vida anterior ya no tenían el sabor de entonces. 
Fueron tiempos duros, tiempos de reclusión, sin rumbo, sin esperanzas. 
Pero todo pasa, y casi sin darme cuenta volvió la curiosidad por lo incomprensible,  la llama que motivaba el deseo de conocer la naturaleza de mi existencia. Fue el inicio de una aventura que se deslizaría año a año por arduos e intrincados caminos conducentes a descifrar los orígenes de la vida.  
Tiempos de meditación y entusiasmo, de preguntas y respuestas que moldearían al adulto en ciernes. 
¿Es cierto que sólo somos un conjunto de diminutas partículas de energía que vagan en medio de la nada?  ¿Por qué una persona es mala y otra no, por qué existen las enfermedades, por qué nos morimos, por qué un niño? 
¿Por qué Robledito?
¿Qué de cierto hay en los que dicen que existen los fantasmas, los milagros, y la vida después de la muerte? ¿Y qué de cierto hay en que después de la muerte solo quedan los que la ven de afuera? ¿Que somos? ¿Que soy? ¿Cuál es el fin último de nuestra existencia? 
Era joven, y pensaba con entusiasmo resolver algunos de los enigmas que el mundo no había resuelto. Suponía que alguno de estos misterios podían ser explicados por las ciencias tradicionales con un grado de aproximación suficiente como para brindar una clara comprensión del problema. 
Otros, como el de la creación, requerían de un tipo de investigación diferente. A ellos dediqué mi tiempo y atención. 
                                           NOTA:
               Lo que resta del monólogo se puede leer bajando el archivo PDF con este enlace.
                              http://es.scribd.com/doc/67483144 

Arnaldo Zarza