sábado, 21 de agosto de 2010

"Tardecita de Londres, 1906"

En la novela te imaginás todo,


en los comics, casi todo,





en las películas lo que quieras…






































Pero en definitiva, lo que se lee, ve u oye, siempre tiene un componente personal que es lo que hace única e irrepetible la aventura. Podremos ver diez veces una película, una historieta, o leer otras tantas una novela, y siempre le encontraremos algo distinto a la anterior pasada, y creo que esto las hace emocionantes.

Me gustan las novelas, los comics y las pelis; todas tienen su encanto.


La historieta, o comic, es un género de arte que desgraciadamente tiende a desaparecer en el formato de revista, de esas que conocimos hace unos años, como D´Artagnan, El Tony, Skorpios, Rayo Rojo, Hora Cero, Patoruzú, y muchas otras que se amontonaban semana a semana sobre las estanterías de los kioscos para inmediatamente venderse como pan caliente.
Hablo de la Argentina, de productos elaborados aquí, no conozco otros mercados.  

Actualmente el comic dejó de consumirse como antes, solo quedan dos o tres de ellas que se publican en papel. Obviamente, el negocio, dejó de ser negocio, y chau. Obviamente, no pretendo que nadie pierda plata, pero me da pena.



Por suerte, la historieta de nuestros pagos no ha muerto, ni cosa por el estilo, solo cambió el estuche, y lo que no puede imprimirse en papel, ahora se “imprime” en la WEB.  

Y es así como dibujantes y guionistas siguen generando historias; como antes, como siempre, que nos siguen entreteniendo a los que amamos el género.

Hoy ponemos en la web el primer capítulo de un comic ambientado en Londres de comienzos del siglo XX, el que pasó hace poco… hablo del siglo.
Se trata de una comedia dramática de escasas dos páginas en el formato de revista.
Los dibujos son de Damián Zarza y el guión de Arnaldo Zarza. Y sí… hay un parentesco…
Espero lo disfruten.      

           "Tardecita de Londres, 1906." 
                             Cliquear en el dibujo para ver grande.
Continuará.

Martes 24/8/10---  Capítulo IV de "La mansión satánica".

viernes, 20 de agosto de 2010

Capítulo IV de “La mansión satánica” el martes 24/8/10---------- HOY:

    "El humor de Damián"
cliquear en las imágenes para que se agranden
                
Mañana: “Tardecita de Londres, 1906”
                Una historieta de la dupla Zarza/Zarza.

Anticipo...
"La mansión satánica" continua el martes 24 de agosto.
El martes 24

miércoles, 18 de agosto de 2010

La mansión satánica


Capítulo III



Ramón terminó de lustrar el “Lancia delta”, favorito del patrón.
 El viejo Rolls negro cubierto por una funda blanca desde la última vez que se usó, un año atrás, no necesitaba franela, y seguramente quedaría oculto por toda la eternidad en el rincón del fondo. Ya había limpiado el “Toyota” de Carmen, la mujer de Alex, faltaba el escarabajo de Verónica, pero no tenía ganas de seguir, ya casi era de noche y estaba algo cansado, lo dejaría para mañana, después de todo la chica no lo usaría.

Ramón vivía casi pegado al galpón que oficiaba de garaje, no tenía más que apagar las luces, caminar unos pocos metros y abrir la puerta de roble para sentarse a descansar un poco en el cómodo sillón chesterfield, regalo del patrón, y esperar a Juana para iniciar los ritos de los viernes, antes de cenar. 




Una de las grandes hojas del portón estaba entreabierta, por donde se filtraban las risas, jadeos y puteadas de los jóvenes que jugaban a  ese deporte violento e incomprensible. Sus figuras, como opacas estelas luminosas, cada tanto cruzaban el estrecho marco de visión que Ramón tenía frente a sí, en pos del balón cónico. No es que les prestara mucha atención, pero siempre estaba atento a lo que pudiera suceder, su sexto sentido se repartía entre el trabajo propiamente dicho y lo que consideraba primordial: cuidar de la familia Ferguson, y en especial, a los niños.
Se sirvió el último amargo de la jornada y lo paladeó tratando de no pensar en negativo… después de todo, como decía siempre, no le había ido tan mal.
Lavó el porongo y la bombilla en la pequeña pileta y se dijo:
-Me voy, ¿que estoy haciendo aquí?  
Estaba a punto de accionar el interruptor de la luz cuando oyó un lejano chasquido, algo así como el ruido a vidrios rotos. Las risas cesaron: rompieron el vidrio de alguna ventana, pensó. Mañana tendría que cambiarlo.
-Estos chicos…    
La luz se apagó, aunque Ramón no recordaba haber movido el dedo para tal fin. Se puso tenso, intentó vanamente prender nuevamente la luz, pero… nada. 
Para ese entonces, un silencio sepulcral se había adueñado del lugar, y la penumbra solo dejaba distinguir manchas borroneadas donde antes brillaban los autos. Por el hueco del portón se filtraba un tenue resplandor informe, y el aire, hasta entonces quieto, comenzó a moverse, apenas… Lo necesario para erizarle los vellos del cuello y la nuca. Lo suficiente para que su piel y su mente percibieran que el fluido ganaba en consistencia, volviéndose denso, viscoso… como si fuera a cobrar vida.
Ya no fue fácil respirar…   
 Ramón transpiraba copiosamente y sus pulsaciones galopaban, pero aun así podía pensar con relativa claridad. Algo extraordinario había pasado, y sabía que si quería salvar su vida debía abandonar inmediatamente el lugar. Buscó la linternilla en su chaqueta, apuntó al frente, y como era de esperar no prendió. Pero Ramón conocía el lugar de memoria, con precaución estiró la mano derecha buscando el volswagen de verónica, que encontraba estacionado justo frente a la llave de luz, donde él estaba parado. 



En la yema de los dedos pudo sentir el frío metal del escarabajo; dio un paso hacia él, y casi lo abraza de contento al comprobar que transitaba por la buena senda. Prácticamente tenía resuelto el problema, solo faltaba rodear el auto y salir por el portón entreabierto. No quería fallar. Agazapado junto al coche, se quedó quieto unos segundos calculando lo que haría, respiró hondo y tomó impulso para correr.
Fue en ese preciso instante cuando una risotada inhumana llenó el galpón de ecos aterradores, y sobre ellos, las luces de los autos y los tubos del garaje parpadearon sincrónicamente, solo unas pocas veces, luego el viento huracanado se apropió del lugar.
Y, corrió, corrió.
Tal vez debido a esta situación tomó el camino equivocado, y fue el sorpresivo relámpago que tiñó de blanco el galpón, quién se encargó de mostrarle por un segundo, la trampa tendida.
Cuando el chofer de los Ferguson vio el foso que sobresalía delante del escarabajo,  ya era demasiado tarde para saltar.
Durante la caída al pozo donde generalmente hacía pequeños arreglos a los autos, la oscuridad había vuelto a sus retinas, negra como la tinta, y en sus oídos resonaban aun los ecos de la carcajada macabra.

Arnaldo Zarza


Esta historia continuará.

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domingo, 15 de agosto de 2010

Piropos antiguos... Y actuales...

Los piropos fueron un clásico galanteo del siglo pasado, aun hoy se escucha por las calles alguno que otro, y creo, que cuando son originales y dichos con gracia, las mujeres se sienten alagadas.

                          He aquí algunos que rescaté.


sábado, 14 de agosto de 2010

        La mansión satánica
                        Martes 18/8/10 
                                                         Capítulo III




        Mañana... Los piropos...

viernes, 13 de agosto de 2010

La mansión satánica



Hoy, viernes 13 de agosto, día de miedo para los supersticiosos angloparlantes, el equivalente  nuestro al martes 13.
Días propicios para contar historias de terror.
       La mansión satánica Parte II


Verónica entró al living y caminó hasta el sofá de cuero verde donde se sentó. Manoteó el control remoto y cuando lo estaba por usar sonó el celular que tenía en el bolsillito del jean.
Se levantó y fue hacia el espejo que estaba justo frente a uno de los ventanales y allí, mientras miraba coqueta su estilizada figura atendió el teléfono.
-Hola Manu, si, si, ¿entonces, venís esta noche? Que macana, bueno, nos vemos mañana entonces. Sí, yo también. Cortó he izo un puchero de niña mimada.
Tendría que pasar sola la noche, que macana, si hubiera sabido que Manu no venía le habría dicho a las chicas de hacer una pequeña reunión para ver alguna película, comer algo y charlar, aunque tal vez aun estuviera a tiempo, se dijo. Pero no estaba segura, a quién quería en casa esa noche era a Manu.
-La tarta de jamón y queso está sobre la mesa de la cocina.- Escuchó que decía la voz de Juana.
Desvió levemente los ojos de su figura y la vio por el espejo, un poco atrás, a la derecha, diminuta y flaca como un espárrago, con el guardapolvos de color desvaído y el pelo negro recogido hacia atrás. Juana siguió hablando con su dulce tonadita del norte, recomendándole que no abusen de los dulces, que no duerman muy tarde, que la llamen si surgía algún inconveniente, que Bla, bla,- Verónica no la escuchaba, solo pensaba en Manu, y tampoco percibía que Juana no miraba el espejo al hablar, si bien la estancia se desdibujaba rápidamente por bruma del crepúsculo, era notorio que la empleada de los Ferguson evitaba mirar el espejo.
Crash…pum, pum… un fuerte y seco ruido, seguido de dos o tres golpes en el piso de madera la sacó de su letargo. 
Ahora sí Juana miraba directamente al espejo. Sus ojos desorbitados se dibujaron entre las astillas que dividían el vidrio roto, multiplicándose en cada uno de estos nuevos espejos. Verónica no percibió el espanto de la criada, y tampoco que inmediatamente después que el pelotazo hiciera su trabajo, se santiguó y volteó la cara para no verse reflejada en el espejo. Verónica fue hasta el interruptor de la luz y lo pulsó. Fue en ese momento cuando se dio cuenta que estaba sangrando, una pequeña astilla le había pinchado el pómulo izquierdo y su mano ensangrentada había manchado la pared. No era algo serio. Juana le desinfectó con agua oxigenada y le puso un esparadrapo.
-Vengan a dormir a casa.- les dijo, cuando entró Julián.
-No.
-¿Por qué?
-Es de mala suerte, van a suceder cosas muy feas en esta casa, vengan conmigo.
Y no, no quisieron ir. No se rieron de ella, tampoco hicieron bromas cuando se fue, la vieron muy mal, preocupada, desencajada. Además la conocían de siempre, y sentían cariño por ella, como si fuera una tía vieja del campo.
Juana sabía que estaban en el comienzo de días difíciles. Todos los años que trabajaron para protegerse y proteger a sus amos se habían ido al diablo, si, literalmente al diablo. Habían pasado veinte años de sus vidas dedicados desactivar a los espíritus malignos de la casa, y mal no les había ido, los habían cercado, confinados a un sitio donde no causaban mayores problemas, pero habían vuelto, y eran peligrosos.
El sol se había ocultado por completo, las luces del parque se habían encendido automáticamente, aun así, el aspecto general de la propiedad era tirando a oscuro, con zonas donde no se distinguía nada de nada, y otras donde bultos informes parecían flotar fantasmales por debajo de los frondosos árboles; Eran los doberman que soltaban al anochecer.
.
                      


  Arnaldo Zarza


Esta historia continuará.

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jueves, 12 de agosto de 2010

MIEDO...


¿Quién no ha tenido miedo alguna vez?



No me refiero al miedo a los humanos, sino a lo esotérico, lo sobrenatural, al miedo que llevamos dentro sin que haya una razón valedera para ello. Al miedo que tenemos instalado en lo más profundo de nuestro ser, ese compañero que nos sigue silencioso donde quiera que vayamos, y  contra quién luchamos día a día sabiendo que jamás lo venceremos. 
Ese personaje de nuestra creación que detestamos. El socio invisible que nos paraliza en medio de la noche, cuando estás sola o solo, en las tinieblas de tu cuarto, en una callejuela mal iluminada, en un templo abandonado o en una cabaña en medio del bosque, o, ¿por qué no? cruzando el camposanto bajo una feroz tormenta, en medio de estruendos que sacuden tu cuerpo agotado de correr, caer y arrastrarse por el fango, guiándote por los fogonazos que cada tanto iluminan fugazmente las lápidas de la oscura noche para llenarte de terror. A mí me ha pasado; ¿Por qué no te puede ocurrir lo mismo? Después de todo, ¿quién puede decir que conoce los caminos del destino?




Los que tenemos miedo sabemos de los murmullos y movimientos extraños en el silencio de la madrugada; del crujir de una puerta quieta, o de la sombra que pareció pasar al fondo del pasillo, allá, cerca del baño. En ocasiones como esta ¿no sentiste que alguien te llama, o que toca delicadamente tu hombro?  Si es así, es ahí, en ese instante cuando la casa cobra vida generando los pequeños sucesos que nos erizan la piel.
El miedo es horrible y contagioso, aunque hay algunas personas afortunadas que son inmunes a estos avatares, o por lo menos, lo disimulan perfectamente. 
 Sin embargo, hay individuos a quienes les gusta sentir el vértigo del miedo metido en la piel, sentir cómo la adrenalina se sacude en el interior de su ser para transportarlos a una dimensión lindante con el placer. 
Tengo en mi memoria, y quisiera compartir con ustedes, algunas historias reales de acontecimientos inexplicables que me han dado miedo a mí, a otros, y tal vez a toda una generación. Se trata de sucesos misteriosos que han ocurrido y ocurren constantemente, historias que tal vez mañana, o esta misma noche nos toque vivir. 
Los que disfrutan el vértigo del miedo solo deben esperar que lleguen las tinieblas de la madrugada, estar solo o sola, dejar entrar a nuestro compañero invisible y leer con él las pequeñas historias que guardo para ustedes.
Si no estás en esta categoría, es probable que no debas leer las historias que vamos a publicar. Aunque… ¿Por qué no?
Manos a la obra pues…




              La mansión Satánica




Se estaba ocultando el sol y sus últimos rayos dorados lamían el follaje de los árboles del parque. Las sombras largas y las luces tenues se proyectaban en el frente de la vieja casona de San Isidro dándole un aspecto siniestro. Donde solo faltaba música adecuada para que la escena de miedo quedara completa.
Verónica y su hermano menor estaban tan acostumbrados al entorno de su casa que nunca se les hubiera ocurrido pensar en las supercherías que creían los caseros.
Julián, el menor de ellos,  jugaba con tres amigos en la parte mullida del césped, a unos veinte metros del garaje. Los chicos se revolcaban tratando de interceptar pases hechos con una pelota de rugby. Julián tenía unos nueve años, y sus compañeros otros tantos.
Verónica, de diecinueve, que había estado charlado con unas amigas en el porche de la casa, se metió dentro apenas se retiraron las chicas.
Juana, el ama de llaves, o algo así, y esposa del casero, jardinero, chofer, y él arregla todo de los Ferguson, se estaba por retirar a su casa, ubicada en el extremo sur de la media manzana ocupada por la propiedad. Juana los había visto nacer, y se ocupaba de ellos cada vez que sus padres se ausentaban de la ciudad. Esa tarde les había preparado unas tartas, y la heladera estaba bien provista de todo tipo de caprichos dulces y salados pedidos por los jóvenes, que de alguna manera intentaban compensar la ausencia de sus papás. Así es que se podía retirar tranquila a descansar después de un día de mucho trajín, sabiendo que todo estaba bajo control. Oscurecía rápidamente, y no le gustaba en absoluto tener que caminar de noche por el caminito mal iluminado que conducía a su casa, donde los grandes árboles de ramas largas y hojas perennes no dejaban ver más que unos pocos metros por delante.
Los Leguizamón eran oriundos de Misiones, gente buena y sencilla. No temían a ladrones o merodeadores, pero tenían profundo respeto a las sombras de la noche. De los primeros se cuidaban con una escopeta de caño recortado y un revólver Smith & Wesson de calibre 44, más conocido como mágnum, amén de los sofisticados sistemas de vigilancia electrónicos y custodios humanos fuera de la muralla circundante. De lo segundo, la noche y sus misterios, se defendían con ritos y oraciones esotéricas que no trascendían al ámbito de sus empleadores. Nunca les gustó la residencia de los Ferguson, pero veinte años atrás, recién llegados de “El Dorado”, con una mano atrás y otra adelante, como decía el dicho popular, fue como tocar el cielo con las manos. Trabajo para ambos y vivienda, que más se podían pedir. El tema de la casa los preocupaba, pero gracias a dios, decían, tenían los medios para luchar contra el mal.
Y fue lo que hicieron secretamente durante los largos años de servicio en la mansión satánica, como llamaban al casco principal de la casa. 

                                                                                
                                                                          Arnaldo Zarza
Esta historia continuará.

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sábado, 7 de agosto de 2010

Una sonrisa por aquí...

El humor de Damián Zarza, 
                                           un artista que da risa.
        
       Dicen que el humor tiene la virtud de aflojar tensiones.

 VIVA EL HUMOR...
















 

Damián vivió tres años en Osaka, becado por la embajada 
Japonesa para estudiar MANGA, el tradicional dibujo del 
comic Japonés.







lunes, 2 de agosto de 2010

"Unos pocos días de primavera"

             Solo para mayores
                 
     Doce capítulos
                   
                   Parte    XI  y  XII
                 
                       Parte XI
La silueta de capa y sombrero volvió una vez más en la noche de sus sueños. Fabián la miró sin miedo, sin emoción.
-Ya estoy listo.-Le dijo. Luego giró para quedar de costado, y se volvió a dormir.



Parte XII



Un año después la volví a ver, tocó el timbre de mi departamento, y sin explicaciones ni disculpas, tal como era ella, me dijo al tiempo que sonreía de oreja a oreja:
-Ciao caro.-Me dio un abrazo, un beso en cada mejilla y se metió dentro, sin darme oportunidad a una negativa. El Chanel número cinco inundó el living, y a los pocos minutos ya estaba subida a horcajadas entre mis piernas.
Me hizo casi todo lo que hizo con Fabián, fue un calco, pero sin los hábitos.
Durante ese año, luego de conocerla, habíamos entablado una correspondencia a través  internet, haciendo yo de mediador entre ella y Fabián. El caso es que mi amigo no entendía que la relación había concluido en el mismo instante en que salió del departamento, como seguramente pasaría cuando saliera del mío.
El la llamaba a Italia por teléfono y la situación se hacía insostenible, por suerte, a los pocos días de los insistentes llamados recapacitó y no volvió a molestarla. Nosotros continuamos mandándonos mensajes esporádicos de saludos y otras trivialidades.
Cuando tocó el timbre de mi puerta no sabía que estaba en Buenos Aires, y menos la intención que se traía. No me quedan remordimientos, pues Ornalla es inimputable, o algo así, y sé que no estoy traicionando a mi amigo. 
Pero descubrí porqué usaba siempre pantalones. En lo mejor de la acción la agarro fuerte de los tobillos, el izquierdo, el que yo asía con la mano derecha, era duro, y dejaba escapar un frío metálico que lo sentí a través de la oscura media. Fue solo una fracción de segundos la mirada de entendimiento que nos cruzamos, supongo que ella estaría acostumbrada a esos avatares, un momento difícil, pero lo superé sin que se notara.   Ahora entiendo por qué en la cena de la láctea un ingeniero se refirió a Ornella como la renguita, yo nunca la había visto caminar, o tal vez no presté atención.    
Fabián falleció hace seis meses, en sueño, sin dolor, sin molestar.   
Yo tengo cincuenta, recién cumplidos, y nunca me paso algo igual, ni creo que vuelva a repetirse.



Arnaldo Zarza.
                                             FIN