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martes, 22 de noviembre de 2011

El retorno de los brujos

A mi amigo Mingo, que me regaló el libro
¡Levántese, caballero, pues tiene grandes cosas que hacer!
¿Cómo es posible que, hoy en día, un hombre inteligente no tenga prisa? Aceleren sus máquinas de ver, de oír, de pensar, de recordar, de imaginar. Nuestro mejor lector, el más caro a nuestros ojos, habrá terminado con nosotros en dos o tres horas. 
Líneas de Louis Pauwels y Jacques Bergier que recuerdo con afecto, leídas en “El retorno de los brujos” 


Libro de preguntas, cuestionamientos, hechos inexplicables y frases contundentes.


        “Siglo XIX, carcelero y verdugo de lo fantástico.” 
¿Cuándo, cómo y por quién fueron levantadas las enormes 593 estatuas en la isla de Pascua?
¿Por qué llovieron ranas en Birmingham, el 30 de junio de 1892?














La piramide de Keops, erigida en Gizeh,-2570 AC.- es una montaña artificial de 6.500.000 toneladas, cuyos Bloques de doce toneladas se ajustan entre sí con exactitud milimétrica. ¿Cómo la hicieron?
En su interior no se encontraron huellas de humo. Entonces, ¿cómo se iluminaban los Egipcios durante su construcción y honras fúnebres?




¿Qué significan las figuras de Nazca y cómo se guiaron sus creadores para dibujarlas? -“Dichas  figuras son líneas geométricas inmensas trazadas en la llanura de Nazca, visibles solamente desde el aire”.-(Desierto de Nazca, Perú.)- 
Sobre este tema Powels y Bergier reflexionan así:
“Las fotografías que tenemos de la llanura de Nazca hacen pensar irresistiblemente en las señales de un campo de aterrizaje.” 


¿Existe una sociedad invisible de mutantes causada por el “estroncio noventa”, elemento radiactivo que penetra y hace su trabajo en el cuerpo? (Investigación del  doctor J. Ford Thompson, Inglaterra,1956).  


El retorno de los brujos
El libro que se animó a cuestionar ciertas prácticas de la ciencia y despertar el apetito por lo desconocido a toda una generación. 
Citas de Powels y Bergier en El retorno de los brujos.


-1895, el célebre profesor Lippmann declaraba a uno de sus alumnos que la física estaba acabada, clasificada, archivada y completa.
-Es el acto de la recepción del fonógrafo en la Academia de Ciencias de París:
 «En cuanto la máquina empieza a emitir algunas palabras, el señor Secretario perpetuo se lanza sobre el impostor, (el Ábate abate Moigno, un conocido divulgador científico),  y le aprieta la garganta con puño de hierro al supuesto ventrílocuo. ¡Véanlo ustedes!, les dice a sus colegas. No obstante, para general asombro, la máquina sigue emitiendo sonidos.» 
-En 1875 el director del  patent office americano enviá su dimisión al Secretario de Estado para el Comercio. ¿Por qué seguir?, decía en sustancia; ya no queda nada que inventar. 
No hacía falta más anécdotas de la ridiculez humana para que el apetecible escrito se convirtiera rápidamente en paradigma de una legión de jóvenes y no tan jóvenes inconformistas del mundo entero.
El retorno de los brujos, “Una introducción al realismo fantástico”, rezaba el subtítulo de este notable documento.
Proponer una visión diferente del mundo tal cual concebimos. 
Sacudir el polvo de lo establecido por la ciencia oficial como única e inamovible doctrina de fe. 
Admitir que la realidad podría ser más compleja de lo que suponemos. 
Dudar de los conceptos absolutos sobre lo verdadero y falso. 
Analizar hechos e hipótesis que atenten contra  el sentido común sin miedo al ridículo.
Sacudirnos los prejuicios y concepciones caducas.
Abrir la mente, sin límites, sin fronteras.
Estos fueron, a mi criterio, algunos de los objetivos propuestos, en años de la posguerra, por Powels y Bergier en El retorno de los brujos. 
¡Y vaya que lo lograron!
Parte de una generación, que buscaba otro punto de vista, otra información, otra mirada al cúmulo de sucesos inexplicables de la naturaleza, encontró en este libro un soplo de aire fresco para sus espíritus inquietos.
Entre los años 1960 y 1970 se vendieron más de 2.000.000 de ejemplares. 
El libro fue objeto de críticas elogiosas y al mismo tiempo horrorosas. 
Y se llegó a escribir un libro, ”El fracaso de los brujos”, que intentó demostrar que "El retorno de los brujos" era pura pseudociencia disfrazada de ciencia... 
¡Tal fue su importancia!.. de El retorno...


Y siguen los interrogantes.



Un ingeniero alemán encuentra en Bagdad pilas eléctricas fabricadas diez siglos antes de Alejandro Volta.-1800.- 






¿Fuimos visitados por extraterrestres en un pasado remoto? 














¿Existe en el Universo un punto, un lugar privilegiado, desde el cual se descubre el velo de todo el Universo como el descripto por Jorge Luis Borges en el El Aleph?


Lo leí de joven, sin orden,  leyendo en diagonal, salteando capítulos para  llegar antes al meollo del asunto, como invitaban a leer sus autores, picando aquí y allá, donde mi natural curiosidad me llevara, maravillado con el otro lado de las cosas que la información de la ciencia oficial, según sus creadores, se empeñaba en desconocer.  
Fueron días de lectura feliz, de entusiasmo y pobre rigor analítico.
Me sirvió, fue divertido, me ayudó a no cerrar las puertas a lo desconocido. 
Cada tanto le doy una ojeada. 
Si fuera quién para recomendarlo, lo haría.
“El retorno”... fue escrito en momentos que la bisagra de la historia dejaba atrás tabúes y sumisiones, aprovechando el despertar de una generación que hacía preguntas y no obtenía respuestas. 


Su novedoso relato sobre fenómenos parapsicológicos, 






alquimia, 




civilizaciones desaparecidas y esoterismo cautivó a una buena parte de la juventud de la época.


Con el correr de los tiempos constaté lo que intuí en días de lectura complaciente.
No todo era tan discutible ni toda la información rigurosa. Cito solo esta: 
El experimento telepático organizado por la Marina de los EE.UU. en 1958:donde un sujeto a bordo del submarino atómico Nautilus intentaba adivinar qué cartas sacaba al azar un aparato mecánico situado en una base en tierra firme, nunca se pudo confirmar. 
Tal vez uno de los rasgos más polémicos del libro de Louis Pauwels y Jacques Bergier fue el poco interés por aportar pruebas, y algunas cosillas más que no vale la pena remover. 
Aun así creo que la idea sigue siendo buena y que lo anterior no quita  méritos a la obra de Powels y Bergier, quienes ayudaron a desnudaron la miopía, arrogancia y necedades de ciertos personajes del siglo XIX. 
Siguen los ejemplos en El retorno de los brujos:
El siglo XIX oficial demostró que la hipnosis no existía. 
También se dijo: ¿La electricidad? Simple curiosidad técnica.
Mientras Berthelot rechazaba los sueños alquimistas, los elementos, que nada sabían de ello, seguían transmutándose bajo el efecto de la radiactividad natural. 
M. Claude Bernard, célebre fisiólogo francés del siglo XIX,  había llegado a la conclusión de que el cerebro segrega el pensamiento, así como el hígado, la bilis.
Henri Poincaré, matemático genial, habría descubierto la relatividad si se hubiese atrevido... 
¡Pobre, viejo y querido Poincaré! Este maestro del pensamiento había escrito: 
«Basta el sentido común para decirnos que la destrucción de una ciudad por la desintegración de medio kilo de metal es una imposibilidad evidente.» 


 De alguna manera, Pauwels y Bergier ayudaron a arrancarnos  de la modorra y la complacencia, así como a cuestionar sin miedos, las sagradas leyes de la ciencia oficial. 
El profesor Simón Newcomb, demostraba matemáticamente la imposibilidad de volar con algo más pesado que el aire, allá por los años 1890 y pico, Ja. 
Finalmente: 
Louis Pauwels y Jacques Bergier, hombres de espíritus inquietos y análisis punzantes, se apartan, en esta obra, del  pensamiento “lineal” que rige para la resolución del andamiaje científico... 
y adoptan el pensamiento “lateral” como patrón de razonamiento, este, se caracteriza por producir ideas que estén fuera del patrón de pensamiento habitual. 


“Nosotros no lo creemos todo. Pero creemos que todo merece ser examinado”. 
 Fue la síntesis de estos dos visionarios.
El Retorno de los Brujos de Louis Pauwels y Jacques Bergier 

Jacques Bergier-1912, Odesa, Imperio ruso -  1978 París, Francia; ingeniero químico, alquimista, espía, periodista y escritor francés. 
Louis Pauwels-1920, París, Francia-1997, París, Francia; Maestro, escritor, editor de la revista “Planeta”. 


Durante los últimos 20 años se especializó en el análisis político. 
Visitó Buenos Aires en el año 1962, y les dijo a los periodistas que lo rodeaban: “Cuando oigo la palabra revólver saco la cultura", modificando la tristemente famosa  frase nazi. 



                                                     Aranaldo Zarza

martes, 3 de mayo de 2011

Los caminos históricos del libro

      De las pinturas rupestres al lector digital 
El libro... 
...ese entretenimiento y fuente de saber que nos acompaña desde siempre, tuvo su origen en el momento justo que el ser humano sintió la necesidad de expresar sus sentimientos a través de símbolos pictóricos. 
Las pinturas rupestres del hombre de la edad paleolítica son un ejemplo de como trasladar un pensamiento a un soporte, (las rocas), para recordar, recrear y compartirlo. 

Mientras estas primitivas manifestaciones de arte y comunicación nacían en los albores de la civilización, más aquí en el tiempo, la necesidad de conservar y transmitir la cultura, hicieron posible la invención de los signos de escritura para perpetuar una idea sin tener que repetirla eternamente, como en los casos de la tradición oral, donde parte del contenido se perdía irremediablemente en la noche de los tiempos*.  (“El Retorno de los Brujos” - Louis Pauwels & Jacques Bergier.)



En los comienzo se escribió sobre rocas, piedras, madera, cortezas de árboles, cueros y vaya uno a saber qué otras cosas. 


Loa asirios y sumerios, unos 3000 años a. C. usaron arcilla como soporte de su escritura “cuneiforme”, llamada así por sus estructuras en forma de cuña.
En la China, escribieron sobre la seda, en la India sobre hojas secas de palma.
El pergamino, material hecho de la piel de oveja, cabra, vacuno, o similar, ya se lo conocía unos 1500 años a. C. 
En la  antigua Roma su uso se hizo intensivo. 


En un principio, el pergamino consistía en una tira enrollada de dicha piel, cubierto de signos de escritura, como nos muestran en las películas ambientadas en esas épocas. 
Tiempo después, en Roma, lo cortaron en trozos, lo plegaron y los llamaron “quaterniones”, (cuadernos).


El papiro fue otro de los soportes para la escritura; elaborado a base de una planta acuática del mismo nombre que abunda en el río Nilo, y pariente cercano del moderno papel. 
En el Egipto de los Faraones su uso fue habitual.
 
Estos soportes, donde en tiempos pretéritos se guardaban parte del conocimiento de la humanidad, eran escasos y costosos, pues estaban escritos a mano sobre superficies poco amables para dicho fin y, en el caso de los pergaminos, no solo había que liquidar la oveja, cabra, u otra desdichada criatura, sino que tratar el cuero resultante para sacarle los pelos y dejarlo apto para que el monje de turno, bajo celosa vigilancia, dibujara los caracteres en él.
Por fin... años y siglos de por medio, los chinos, en el doscientos y pico de nuestro calendario parece que inventaron el papel. 
En el 615 se introdujo en Japón, luego lo conocieron los Árabes, y recién en el siglo X de la era cristiana llegó a Europa.
Es sabido que en la edad antigua y media predominó el analfabetismo y por ende la ignorancia. No hay que escarbar demasiado para concluir que mucho de esto se debió a que las ideas de los hombres brillantes de entonces no tenían adecuada circulación, salvo para unos pocos privilegiados que tuvieron acceso a los escritos guardados y copiados en monasterios y bibliotecas de algunas grandes ciudades, como la de Bizancio, Alejandría, o Pérgamo.


Así es que, si alguna persona que no perteneciera a los rangos sociales más relevantes tenía deseos de cultivarse, estaba en un problema. 
En noble no se podía convertir por razones obvias, en rico mercader... difícil, ¿tal vez en monje? Y... puede que esa fuera la clave para un alma inquieta y ávida de conocimientos. Pero, tampoco ese camino fue fácil ni seguro, aunque, dicen que “sarna con gusto no pica”, y de esta manera, con curiosidad, audacia, y algo de inteligencia, el conocimiento, de a poco, lentamente, se fue instalando en el común de los mortales.    
Aunque para para ello bebieron pasar otra punta de siglos, para, entre otras cosas, sortear el oscurantismo de la edad media, el racismo, la intolerancia y necedades varias respecto al rol y a la capacidad intelectual de la mujer. 
Falta, pero andamos...
Y como decía, por fin llegó el papel de la mano de los chinos. 
Con el papel la historia de la comunicación da un giro radical pero no masivo. 
Ya no sería tan difícil y caro crear un escrito, solo era cuestión de tiempo y esfuerzo... y tiempo sobraba.
Aranaldo Zarza 
Próxima entrega: Gutemberg: Llega la imprenta.
Luego: El lector digital, o la llamada tinta electrónica.