domingo, 29 de agosto de 2010

El humor de Damián.

Ulises, el hombre que le gusta esclavizar animales y molestarlos con un palito:

- Entrega 01

Mañana, la última página de Ulises.

  "La mansión satánica:                                                        Parte V:
se publicará el miércoles I de septiembre del 2010.
                                                                                    Windows 7, ese programa que me tuvo cuatro días sin computadora.  


miércoles, 25 de agosto de 2010

             La mansión satánica
                       Parte IV

Juana había hecho especial hincapié en no recoger los vidrios rotos del piso; ya lo haría ella mañana. Claro que a los niños no se les hubiera ocurrido levantar los restos del espejo, pero por las dudas se los dijo, no quería dejar un solo cabo suelto. Por esa misma razón debía apurarse, llegar lo antes posible a su casa, y con ayuda de Ramón, conjurar una vez más a los espíritus del mal. No era la primera vez que accidentalmente se llamara al ente maligno que habitaba la casa, y hasta la fecha, siempre había sido controlado. Aunque en esta ocasión presentía que la lucha sería ardua y dolorosa. 
Apenas escuchó el crujir de los vidrios al romperse el espejo, una fuerte oleada de poder mental la zarandeó de pies a cabeza. Instintivamente, o tal vez impulsada por esa poderosa fuerza, miró donde no debía mirar. Y en ese lapso tan breve vio y sintió el horror reflejado en mil diminutas astillas. 
Ella sabía que estaba asistiendo al despertar de un ser abominable, un monstruo a quién por años habían mantenido a raya, y en cierta medida, dominado.  
Había que actuar rápido, sin pérdida de tiempo, no debía dejar que el maléfico incremente su poder destructor.
La suerte estaba echada… La consigna: matar o morir.
Todavía estamos a tiempo.- Se dijo.     
Cuando salió al porche, la tormenta ya estaba en su apogeo. El viento fuerte hacía de las suyas a todo lo que se le pusiera delante.
Los árboles con sus ramas y hojas alborotadas bailaban al compás de los estruendos causados por los rayos, que partían la negra noche a puñaladas profundas,  blanquecinas y zigzagueantes. Antes de abrir el paraguas e internarse en la cortina de agua, se colgó del cuello el amuleto que le regalara el párroco del pueblo cuando apenas tenía diez y siete años. Con él había conjurado más de una situación delicada, y esperaba seguir haciéndolo. Lo acarició y se zambulló en el mal tiempo rumbo a su casa. El paraguas no aguantó cincuenta metros, se dio vuelta como una media. Lo soltó, ¿para qué lo quería?, a partir de ahora solo sería una molestia, después de todo, ¿qué mejor que el agua para purificar el cuerpo? 
Por momentos la oscuridad era total, y cuando la cegadora luz de algún rayo se abría paso entre el follaje efervescente, figuras espectrales tomaban la posta, para de inmediato someterse al reino de las tinieblas.
El silbido lacerante del viento, el lamento inhumano de los árboles y las ramas que caían pesadas por doquier, estaban a punto de doblegar a la dura criada.
Juana corrió, Juana gritó, Juana puteó, cosa rara en ella… Juana estaba asustada. Muy asustada. 
Atrás, no muy lejos de ella, dos ojos rojizos que resaltaban en la oscuridad como luces de neón, no le perdía el rastro.
Adelante, a no más de 10 metros, un tronco centenario se estaba viniendo abajo.
Juana sintió la explosión que hizo el árbol al quebrarse, y el fogonazo oportuno del rayo que le mostraba como el coloso se le venía encima. Solo atinó a taparse la cabeza con los brazos.
Siguió corriendo por inercia, como predestinada a llegar al sitio del impacto en el momento preciso.

 Arnaldo Zarza


Esta historia continuará.



lunes, 23 de agosto de 2010

"Tardecita de Londres, 1906"
                     La historieta completa


                 Didujos: Damián Zarza/Guión: Arnaldo Zarza

                 Cliquear en los dibujos para ver grande.


"Tardecita de Londres, 1906"
     Didujos: Damián Zarza/Guión: Arnaldo Zarza        


 Último capítulo.
                                    Página dos.

        

                Cliquear en el dibujo para ver grande.

sábado, 21 de agosto de 2010

"Tardecita de Londres, 1906"

En la novela te imaginás todo,


en los comics, casi todo,





en las películas lo que quieras…






































Pero en definitiva, lo que se lee, ve u oye, siempre tiene un componente personal que es lo que hace única e irrepetible la aventura. Podremos ver diez veces una película, una historieta, o leer otras tantas una novela, y siempre le encontraremos algo distinto a la anterior pasada, y creo que esto las hace emocionantes.

Me gustan las novelas, los comics y las pelis; todas tienen su encanto.


La historieta, o comic, es un género de arte que desgraciadamente tiende a desaparecer en el formato de revista, de esas que conocimos hace unos años, como D´Artagnan, El Tony, Skorpios, Rayo Rojo, Hora Cero, Patoruzú, y muchas otras que se amontonaban semana a semana sobre las estanterías de los kioscos para inmediatamente venderse como pan caliente.
Hablo de la Argentina, de productos elaborados aquí, no conozco otros mercados.  

Actualmente el comic dejó de consumirse como antes, solo quedan dos o tres de ellas que se publican en papel. Obviamente, el negocio, dejó de ser negocio, y chau. Obviamente, no pretendo que nadie pierda plata, pero me da pena.



Por suerte, la historieta de nuestros pagos no ha muerto, ni cosa por el estilo, solo cambió el estuche, y lo que no puede imprimirse en papel, ahora se “imprime” en la WEB.  

Y es así como dibujantes y guionistas siguen generando historias; como antes, como siempre, que nos siguen entreteniendo a los que amamos el género.

Hoy ponemos en la web el primer capítulo de un comic ambientado en Londres de comienzos del siglo XX, el que pasó hace poco… hablo del siglo.
Se trata de una comedia dramática de escasas dos páginas en el formato de revista.
Los dibujos son de Damián Zarza y el guión de Arnaldo Zarza. Y sí… hay un parentesco…
Espero lo disfruten.      

           "Tardecita de Londres, 1906." 
                             Cliquear en el dibujo para ver grande.
Continuará.

Martes 24/8/10---  Capítulo IV de "La mansión satánica".

viernes, 20 de agosto de 2010

Capítulo IV de “La mansión satánica” el martes 24/8/10---------- HOY:

    "El humor de Damián"
cliquear en las imágenes para que se agranden
                
Mañana: “Tardecita de Londres, 1906”
                Una historieta de la dupla Zarza/Zarza.

Anticipo...
"La mansión satánica" continua el martes 24 de agosto.
El martes 24

miércoles, 18 de agosto de 2010

La mansión satánica


Capítulo III



Ramón terminó de lustrar el “Lancia delta”, favorito del patrón.
 El viejo Rolls negro cubierto por una funda blanca desde la última vez que se usó, un año atrás, no necesitaba franela, y seguramente quedaría oculto por toda la eternidad en el rincón del fondo. Ya había limpiado el “Toyota” de Carmen, la mujer de Alex, faltaba el escarabajo de Verónica, pero no tenía ganas de seguir, ya casi era de noche y estaba algo cansado, lo dejaría para mañana, después de todo la chica no lo usaría.

Ramón vivía casi pegado al galpón que oficiaba de garaje, no tenía más que apagar las luces, caminar unos pocos metros y abrir la puerta de roble para sentarse a descansar un poco en el cómodo sillón chesterfield, regalo del patrón, y esperar a Juana para iniciar los ritos de los viernes, antes de cenar. 




Una de las grandes hojas del portón estaba entreabierta, por donde se filtraban las risas, jadeos y puteadas de los jóvenes que jugaban a  ese deporte violento e incomprensible. Sus figuras, como opacas estelas luminosas, cada tanto cruzaban el estrecho marco de visión que Ramón tenía frente a sí, en pos del balón cónico. No es que les prestara mucha atención, pero siempre estaba atento a lo que pudiera suceder, su sexto sentido se repartía entre el trabajo propiamente dicho y lo que consideraba primordial: cuidar de la familia Ferguson, y en especial, a los niños.
Se sirvió el último amargo de la jornada y lo paladeó tratando de no pensar en negativo… después de todo, como decía siempre, no le había ido tan mal.
Lavó el porongo y la bombilla en la pequeña pileta y se dijo:
-Me voy, ¿que estoy haciendo aquí?  
Estaba a punto de accionar el interruptor de la luz cuando oyó un lejano chasquido, algo así como el ruido a vidrios rotos. Las risas cesaron: rompieron el vidrio de alguna ventana, pensó. Mañana tendría que cambiarlo.
-Estos chicos…    
La luz se apagó, aunque Ramón no recordaba haber movido el dedo para tal fin. Se puso tenso, intentó vanamente prender nuevamente la luz, pero… nada. 
Para ese entonces, un silencio sepulcral se había adueñado del lugar, y la penumbra solo dejaba distinguir manchas borroneadas donde antes brillaban los autos. Por el hueco del portón se filtraba un tenue resplandor informe, y el aire, hasta entonces quieto, comenzó a moverse, apenas… Lo necesario para erizarle los vellos del cuello y la nuca. Lo suficiente para que su piel y su mente percibieran que el fluido ganaba en consistencia, volviéndose denso, viscoso… como si fuera a cobrar vida.
Ya no fue fácil respirar…   
 Ramón transpiraba copiosamente y sus pulsaciones galopaban, pero aun así podía pensar con relativa claridad. Algo extraordinario había pasado, y sabía que si quería salvar su vida debía abandonar inmediatamente el lugar. Buscó la linternilla en su chaqueta, apuntó al frente, y como era de esperar no prendió. Pero Ramón conocía el lugar de memoria, con precaución estiró la mano derecha buscando el volswagen de verónica, que encontraba estacionado justo frente a la llave de luz, donde él estaba parado. 



En la yema de los dedos pudo sentir el frío metal del escarabajo; dio un paso hacia él, y casi lo abraza de contento al comprobar que transitaba por la buena senda. Prácticamente tenía resuelto el problema, solo faltaba rodear el auto y salir por el portón entreabierto. No quería fallar. Agazapado junto al coche, se quedó quieto unos segundos calculando lo que haría, respiró hondo y tomó impulso para correr.
Fue en ese preciso instante cuando una risotada inhumana llenó el galpón de ecos aterradores, y sobre ellos, las luces de los autos y los tubos del garaje parpadearon sincrónicamente, solo unas pocas veces, luego el viento huracanado se apropió del lugar.
Y, corrió, corrió.
Tal vez debido a esta situación tomó el camino equivocado, y fue el sorpresivo relámpago que tiñó de blanco el galpón, quién se encargó de mostrarle por un segundo, la trampa tendida.
Cuando el chofer de los Ferguson vio el foso que sobresalía delante del escarabajo,  ya era demasiado tarde para saltar.
Durante la caída al pozo donde generalmente hacía pequeños arreglos a los autos, la oscuridad había vuelto a sus retinas, negra como la tinta, y en sus oídos resonaban aun los ecos de la carcajada macabra.

Arnaldo Zarza


Esta historia continuará.

Quienes tengan historias interesantes para compartir la pueden enviar a:


Las publicaremos en el Blog.


domingo, 15 de agosto de 2010

Piropos antiguos... Y actuales...

Los piropos fueron un clásico galanteo del siglo pasado, aun hoy se escucha por las calles alguno que otro, y creo, que cuando son originales y dichos con gracia, las mujeres se sienten alagadas.

                          He aquí algunos que rescaté.